La oscuridad se posaba sobre los hombros de la joven, los dedos jugaban entre ellos de manera posesiva casi frenética. Su mano solo buscaba la de él, sin embargo, el frío cerebro tajante le ordenó que aguardara. Ella no se encontraba, tampoco ninguna respuesta y en silencio pedía a gritos una explicación. Él había prometido contestar a la declaración pagada con lágrimas sucedida un día antes. Ella esperaba sin apenas respiración ¿por qué no le hablaba? ¿Para qué sentarse a su lado por una negativa?
Los ojos anhelantes de sus amigos quemaban su nuca. Se sorprendían por la inusitada espera y prácticamente le obligaban a actuar. Ella se giró, le miró y tras hundirse en sus ojos caoba le preguntó.
Esos segundos de silencio le hacían pensar en mil y una formas de huir en barco, avion o submarino donde nadie pudiese encontrarle; sobre todo él.
Movió los labios en un leve asentimiento, las aves tropicales del cine cantaron y el beso más dulce cubrió la sala sin percibirse más que por sus protagonistas. La mano por fin libre acudió a la llamada de la suya y las caricias acabaron en escalofríos de amor.
Grindy
