sábado, 3 de septiembre de 2011

Freedom

Hay días en los que a una le da por entender el sentimiento frustrado del preso que da por perdida su libertad.
Hoy es uno de esos días, y pienso… maldita empatía; sin embargo mi mente vaga se regocija en la comodidad de la resignación, mientras yo, tumbada en el sofá, me abandono a la música de mi IPod.
¿Para qué luchar cuando tu carcelero eres tú mismo? Mi egoísta amor propio me impide rebelarme contra lo que soy, por mucho que duela, prefiero el dolor a una libertad postiza.
Además, pensándolo mejor… en mi celda se está calentita.




PD tenemos una nueva escritora en el blog.