domingo, 2 de octubre de 2011

Say all goodbyes if you have someone you can say goodbye to

Tras un largo invierno crudo y frío, Sir Cadogan se preguntó como sería su funeral. La lluvia repiqueteaba contra el cristal de la vacía mansión, el whisky escocés abrasaba la garganta, el humo del puro ahuyentaba las buenas noticias y los rojizos ojos azules que en otro tiempo recorrían lascivos las curvas de su esposa, solo lloraban. Quizá Will, el cochero, acudiese como un último recuerdo a aquel que le había amargado su existencia hasta lo inconcebible. Pudiera Goose llevarle flores como honra a aquel que lo abandonó en medio de la batalla. Rose o Emily a las que fue infiel una y otra vez, inflingiendoles un daño terrible. Jeane, su hija repudiada por no casarse con un lord. 






 Los llantos inundaban la sala, los muros se estremecían y el dueño permaneció en un duermevela más duro que una muerte olvidada y que una vida solitaria. Y es que se estaba preparando para decir adiós y no tenía a quien decirselo...

Grindy

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