Cuando los besos no solo enloquecen sino calientan almas heladas entre estrellas dormidas, los misterios de vidas sin vidas se reducen a polvo de nubes negras. La lluvia cae despacio sobre tu mirada, sin sorpresas, los pájaros callan. El silencio se ahoga con el repiqueteo de las lágrimas y tu abrazo busca el mío en un instante de miedo. La respiración se entrecorta, el sueño se desvanece, se lee entre mordiscos de juegos inocentes. Canturreas esa canción felizmente para restar importancia a la despedida que trae consigo la noche, la luz y las normas establecidas. No puedo luchar contra ello, ni te arrastro ni soy capaz de oir una vez más ese silencio roto, ese calor de mi alma helada o recuperar el ritmo de esa respiración entrecortada...
Grindy
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